Cómo combatir las consecuencias del estrés en tu mandíbula

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Jueves, 12 DE enero 2017

La mandíbula es uno de los huesos clave de la boca. Su correcta posición y su buen funcionamiento nos aseguran una masticación adecuada y suponen una gran parte de la salud oral. Pero el estrés diario puede llevar a la sobrecarga de la articulación que la une al cráneo y originar problemas de espalda, cuello, cabeza y dentadura.

El exponente máximo de este problema es el bruxismo, o hábito de apretar, desplazar hacia los lados o rechinar los dientes que suele reflejarse sobre todo mientras dormimos.

Lo más importante, si notamos cualquier acumulación de tensión en nuestra boca, es ir al dentista para que determine qué es lo que está sucediendo y nos recomiende un tratamiento, si es necesario.

Hacer ejercicios periódicamente con la boca y la mandíbula es uno de los primeros pasos para combatir los efectos que provoca en ellos la tensión diaria.

 

Qué ejercicios podemos hacer

 

Estos sencillos ejercicios nos servirán para paliar la tensión en nuestra mandíbula:

 

• Con la boca abierta todo lo que podamos, pero sin que resulte incómodo, desplazar la mandíbula hacia delante y atrás lentamente.

 

• Colocar tu puño debajo del mentón. Empujar hacia arriba con él y con la mandíbula hacia abajo, manteniendo los dientes y labios un poco separados.

 

• Para relajar la mandíbula en momentos puntuales, cuando notes tensión en la boca, coloca la punta de la lengua en el paladar, tocando con ella los dientes.

 

• Estirar las cervicales: dobla el cuello llevando la oreja en dirección al hombro y mantenla unos segundos en esa posición. Haz el ejercicio hacia la izquierda y la derecha.

 

Repetir las series de cinco a diez veces cuando sientas molestias o incluso puedes hacerlo cada día para prevenir.

 

Algunos masajes que nos pueden también ayudar:

• Con las yemas de los dedos dar masajes circulares en la zona de delante de la oreja.

• Hacer lo mismo en la zona de la sien.

• Túmbate bocarriba y sujeta una oreja con cada mano desde atrás sobre la zona del lóbulo. Estira suavemente, pero de forma firme, en dirección a tus pies; lo suficiente para ejercer presión pero sin hacerte daño.

 

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